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29 de agosto de 2017

Cerveza en las meriendas infantiles y otras curiosidades de la alimentación en el Antiguo Egipto


En el Antiguo Egipto los niños tomaban cerveza para merendar, existían más de 50 panes diferentes con usos diversos y fue entonces cuando se comenzó a elaborar horchata.

Son algunas de las curiosidades que se explican en “El Banquete Eterno”una actividad que cada viernes organiza el Museo Egipcio de Barcelona para mostrar la gastronomía de esta cultura (con degustación de platos incluida). Una de sus responsables, Núria Castro, egiptóloga especialista en vida cotidiana del antiguo Egipto, explica a La Vanguardia algunos datos curiosos.

Los faraones eran auténticos foodies. La comida era algo importantísimo para ellos y no solo apreciaban las cualidades gustativas de lo que se llevaban a la boca, el componente saludable era crucial.

“Contrariamente a las épocas de Grecia y Roma, cuando se comía sólo por placer, los antiguos egipcios apreciaban la comida sabrosa, pero también saludable. Tenían muy claro que la buena salud dependía de la alimentación”, cuenta Castro a Comer.

El pan era una de las bases de la dieta de los egipcios. “En el imperio antiguo se han contabilizado hasta 20 tipos diferentes de pan y en el imperio nuevo hasta 50. Dulces, salados, panes rellenos, panes para los días de trabajo, panes para las meriendas infantiles…”. Tenían un tipo de pan para cada ocasión.

¿Y las bebidas? La cerveza era la más popular del antiguo Egipto. Así como el vino se guardaba para las grandes ocasiones y solo podían tomarlo las clases más pudientes, la cerveza estaba al alcance de todos. “La tomaban hasta los niños más pequeños. Había una cerveza especial, que se tenía que tomar a cucharadas y era habitual en las meriendas infantiles”, explica la egiptóloga.

Esta frase hecha parece inventada por los faraones. La base de su alimentación eran las legumbres, los cereales y la fruta, pero también tomaban proteínas en forma de carnes y pescado de río. Entre las carnes, las más comunes y apreciadas, eran las aves. “La gente con más capacidad económica del antiguo Egipto tomaba buey, pero casi todo el mundo se podía permitir comer aves. El pato y la oca eran considerados casi tan exquisitos como la carne roja de vacuno”.

Cocinaban o preparaban esas carnes de formas diversas. “Cazaban con redes los pequeños pájaros que acudían a picar los frutos del campo y se los comían fritos. También asaban ya aves “a l’ast”, insertadas en un palo y dándoles vueltas sobre el fuego. La salazón o el secado al sol eran maneras de conservar estas carnes”.

“No comían nada procedente del mar. Era una especie de tabú: se creía que todo lo que venía del mar era malo”, explica Castro a La Vanguardia.

La mitología cuenta que Osiris, el dios de la fertilidad, fue asesinado por su hermano Seth, quien lanzó al río Nilo sus restos mortales en pedazos para que los comieran los cocodrilos. Según la leyenda, los reptiles no quisieron tomar los despojos sagrados de Osiris.

La excepción fue un pez, el oxirrinco, que se comió el pene de Osiris. Por eso durante miles de años, los egipcios rindieron culto a los cocodrilos y evitaron comer pescado. La gran mayoría de la población tomaba sobre todo tilapia y perca del Nilo, muy presentes en las representaciones gráficas de la época.

Los antiguos egipcios eran muy golosos, apreciaban mucho las frutas más dulces. “Comían muchas uvas y dátiles que consideraban exquisitos como prototipo de lo dulce. Les gustaban mucho los higos, pero también las manzanas, la sandía, el melón...”.

Como buenos golosos, adoraban la miel. “En el predinástico y las dos primeras dinastías se trataba de abejas salvajes africanas, así que ser apicultor era una profesión de riesgo extremo. La miel era un producto muy valioso, costaba exactamente su precio en oro”.

Cuenta Nuria castro que “a partir de la tercera dinastía, algunas familias empezaron a tener colmenas de abejas, domesticándolas, y por tanto el precio de la miel bajó y se convirtió en un alimento más asequible”.

Hablar de las costumbres de la mesa en el Antiguo Egipto es hablar de higiene extrema. “Eran patológicamente limpios. Se lavaban los dientes y las manos... ¡antes y después de cada comida!”. Detestaban el aliento matinal, recién levantados. “Aunque se cepillasen los dientes notaban que persistía esa desagradable sensación, así que llamaban al desayuno el perfume de la boca. Era lo que les ayudaba a eliminar definitivamente ese aliento matinal”.

El próximo viernes día 1 de septiembre a las ocho y media de la tarde, el Museu Egipci de Barcelona acoge una nueva edición de “El Banquete Eterno”.

Artículo: Rosanna Carceller.

Revista Egiptología 2.0


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Exposición temporal: Egitto. La straordinaria scoperta del Faraone Amenofi II (Museo delle Culture, Milano). Del 13 de septiembre de 2017 al 7 de enero de 2018.