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10 de septiembre de 2017

La tumba del orfebre del dios Amón resucita en una colina de Luxor


El rastro de Amenemhat, un orfebre del dios Amón, ha resucitado este sábado en las arenas de Luxor, la Tebas faraónica. Una suerte de sacerdote del antiguo Egipto que guardaba en las estancias de su tumba una vasta colección de máscaras funerarias, cerámica, figurillas y esqueletos. Un tesoro con 3.500 años de antigüedad que aún esconde secretos por descubrir.

"Se trata de un hallazgo científico relevante que firma una misión egipcia. El equipo comenzó sus trabajos en abril y ha continuado durante todo el verano, en condiciones realmente duras", ha relatado el ministro de Antigüedades egipcio Jaled el Anani bajo un sol de justicia en las inmediaciones de la oquedad.

El enterramiento está ubicado sobre la falda norte de la pedregosa colina de la necrópolis de Dra Abu el Naga, en la orilla occidental de Luxor, a escasos metros de donde excava el proyecto español Djehuty del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). En el páramo reposan nobles y altos funcionarios de la corte faraónica.

El lugar del descanso eterno de Amenemhat -ligado al dios del poder creador- tenía su acceso en el patio de otra tumba ya excavada del imperio medio, la Kampp 150. La entrada conduce hasta una estancia cuadrada. En uno de sus muros, un nicho cobija los restos de una estatua con algunos de sus colores originales que representa al dueño del enterramiento y su esposa. El orfebre, que vivió durante la dinastía XVIII (1550-1295 a.C.), aparece sentado en una silla de alto respaldo en compañía de su cónyuge, que luce peluca y vestido largo. Entre sus piernas, a menor escala, una escultura retrata a uno de sus hijos.

El plano de la tumba continúa a siete de metros de profundidad, en las entrañas de un pozo al que se accede por unas escaleras colocadas por la expedición. En las estancias, angostas y húmedas, un puñado de empleados sigue auscultando el terreno. "Hemos hallado un gran número de objetos de la colección funeraria como cerámica, joyas, conos funerarios, máscaras funerarias o ushebtis [figurillas funerarias colocadas en las tumbas del Antiguo Egipto con la creencia de que sus espíritus trabajarían para el difunto en la otra vida]", ha detallado Al Anani.

En los alrededores de la cámara principal de la tumba, el equipo ha localizado restos en piedra caliza de una mesa de ofrendas, sarcófagos de las dinastías XXI y XXII -decorados con jeroglíficos y escenas de deidades del Antiguo Egipto y dañados durante el periodo tardío- así como una extensa colección de esqueletos humanos. La presencia de medio centenar de conos funerarios esparcidos por las estancias ha disparado las expectativas del equipo, que especula ya con la aparición de nuevas tumbas.


"Cuando los encontramos y comenzamos a leer los nombres, nos resultaron muy extraños. Se llamaban Maati, Bengy, Ruru o el visir Ptahmes. Estudiamos entonces a estos personajes y sus posibles enterramientos. Nos hemos dado cuenta de que sus tumbas no han sido aún halladas. Creemos que este área tiene aún muchos secretos por revelar", señala Mustafa al Waziri, el exultante director de la excavación.

"Los conos funerarios indican efectivamente que las tumbas están cerca, aunque si los conos, salvo el del visir, solamente tienen los nombres de los individuos y no sus títulos más prestigiosos como alto sacerdote de Amón, contable del granero del templo o arquero del rey es que debe tratarse de individuos del Reino Nuevo de la clase media y con tumbas menores", explica a este diario Antonio Morales, profesor de la Universidad de Alcalá de Henares y director del Middle Kingdom Theban Project que horada también el terruño de Luxor.

En el patio abierto, además, los expertos egipcios y la cuadrilla de obreros han desempolvado la memoria de una mujer y sus dos hijos junto a dos ataúdes de madera y una colección de reposacabezas y vasijas de cerámica. La fémina falleció a los 50 años tras, a decir por sus huesos, una vida plagada de dolores. Sufría de caries que le provocaron abscesos en la mandíbula y una enfermedad bacteriana en los huesos.

Hasta su recuperación de las tierras cálidas de Abu el Naga, el segundo ataúd alojaba las momias de sus dos vástagos, que tenían entre 20 y 30 años en el momento de su óbito. Su estado de conservación es tal que sus huesos aún almacenaban los líquidos empleados en su momificación.

El hallazgo se suma al firmado por la misión egipcio el pasado abril. Entonces el equipo desenterró la sepultura de Userhat, un noble de Reino Nuevo que hace más de tres mil años sirvió en los pasillos judiciales de Tebas. La tumba contenía decenas de estatuas, ataúdes y momias.

Artículo: Francisco Carrión.

Revista Egiptología 2.0


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Exposición temporal: Egitto. La straordinaria scoperta del Faraone Amenofi II (Museo delle Culture, Milano). Del 13 de septiembre de 2017 al 7 de enero de 2018.